Medicamentos que matan y crimen organizado

Experto danés alerta de que los medicamentos son la tercera causa de muerte en el mundo
El Dr.Peter Gøtzsche, autor del libro “Medicamentos que matan y crimen organizado”, profesor de medicina y farmacología clínica de la universidad de Copenhague, compara a las farmacéuticas con el crimen organizado

medicamentos

 

Barcelona. (Efe).- Las multinacionales farmacéuticas corrompen los sistema de salud y esconden que los fármacos son la tercera causa de muerte en el mundo, tras las enfermedades cardiovasculares y el cáncer, según el danés Peter Gøtzsche, que hoy ha presentado el libro “Medicamentos que matan y crimen organizado”.

Gøtzsche, profesor de medicina y farmacología clínica de la Universidad de Copenhague y director y profesor del Nordic Cochrane Center, ha comparado a las farmacéuticas con el crimen organizado porque, en su opinión, capitalismo y salud casan mal.

"No trabajan para mejorar la salud, sino para obtener los máximos beneficios" y para ello "extorsionan, cometen fraude, violan la legislación y mienten", ha denunciado.

El libro, editado por Los Libros del Lince, cifra en 200.000 los muertos en EE.UU. al año por fármacos y, según el farmacólogo Joan Ramón Laporte, que introduce la edición española, en Europa al menos 197.000 personas fallecen anualmente por esta causa.

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Ben Goldacre: Cuando el remedio es peor que la enfermedad

Ben-Goldacre“Estamos permitiendo a laboratorios no publicar los hallazgos que no les gustan o interesan” | En septiembre de 2012 ha publicado un segundo libro, ‘Bad Pharma: How Drug Companies Mislead Doctors and Harm Patients’ | “Mi libro es un ataque a la industria farmacéutica -acepta el autor- pero no es desmedido”

“Si yo lanzo una moneda y la mitad de las veces no le muestro los resultados, puedo persuadirla de que tengo una moneda de dos caras. Si lo hago, estoy siendo deshonesto y usted es una idiota por permitirme hacerlo”. Pero desafortunadamente, dice el doctor Ben Goldacre en conversación con La Vanguardia, estamos siendo idiotas todos porque estamos permitiendo a laboratorios hacer lo mismo con estudios de medicamentos: no publicar los hallazgos que no les gustan/convienen/interesan. El resultado es un problema a gran escala que revela cómo una gran parte del cuerpo médico desconoce realmente los efectos de las drogas prescritas y las consecuencias están siendo trágicas para pacientes en todo el mundo.

 Ben Goldacre (1974) es inglés, educado en la Universidad Oxford y UCL, tiene un master en Filosofía de King’s College y es miembro del Colegio Real de Psiquiatras. Actualmente es fellow de epidemiología en la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres. Ese es su “trabajo principal”. Su otro trabajo es de escritor sobre temas de ciencia. Todo comenzó en 2003 cuando decidió llamar a la centralita del diario The Guardian y proponer un artículo para esclarecer un asunto médico. Pronto empezó una columna semanal los sábados  (hasta noviembre 2011) titulada Bad Science, nombre del que es hoy su veterano blog principal (también tiene otro de temas varios). La columna se convirtió en una referencia de crítica informada sobre inexactitudes en informes científicos, rumores sobre presuntas amenazas a la salud, pseudociencia, manipulación en medios, empresas de mercadeo y la industria farmacéutica. Así mismo, indagaciones sobre tratamientos de ‘medicina alternativa’ y sus practicantes.

 

NOTA DEL EDITOR:

Creemos que este artículo merece ser leído con atención y en su totalidad. El Dr. Goldacre ha sido criticado desde diversos estamentos, tanto desde la ciencia más académica como desde posturas más alternativas. Se puede coincidir (parcial o totalmente) con sus planteamientos o se puede discrepar abiertamente, sin embargo su último trabajo demuestra más allá de toda duda razonable que estamos siendo manipulados por los laboratorios farmacéuticos y, en consecuencia, por buena parte del estamento médico que no va más allá de lo que el establishment le propone (y en ocasiones le impone). Y esto es algo muy grave que quiebra el elemento indispensable que durante siglos ha estado presente en la relación del médico con su paciente: la confianza. Por desgracia el ciudadano ya no puede confiar plenamente en aquello que le dicen quienes están obligados a velar por su salud y, en consecuencia, viene obligado a informarse y formarse un criterio propio y a actuar en consecuencia. Muchos ciudadanos no podrán hacerlo (por recursos, por nivel cultural, incluso por carecer del tiempo necesario para documentarse) y las consecuencia para su salud pueden ser nefastas. Desde hace ya muchos años en el ámbito de la salud se viene desarrollando un sistema asimétrico de información de consecuencias imprevisibles. Recordemos solamente que el gérmen de la Gran Crisis Sistémica de la economía que estamos padeciendo actualmente, fue, precisamente lo que el economista y premio Nobel , Joseph Stiglitz, calificó como de “información asimétrica” entre quienes contrataban los productos y servicios financieros como compradores (y a los que sólo se les informaba de las bondades de esos productos) y quienes contrataban como vendedores (los operadores financieros a través de sus empleados –con frecuencia engañados también y que solían gozar de la confianza de esos compradores- que conocían perfectamente lo tóxicos que éstos podían llegar a ser). Y el dinero y las finanzas son una cosa, la salud y la propia vida otra.

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