El apocalipsis de la tecnología está ahí arriba (y ya sucedió)

En la Edad Media, hacia el 775, ya se produjo  una gigantesca tormenta solar

solar stormHace menos de una semana, la NASA advertía de que toneladas de partículas expulsadas por el Sol viajaban por el espacio en dirección a la Tierra como resultado de una erupción solar. Las erupciones solares no son en principio un riesgo para los seres vivos. Para la tecnología moderna, sin embargo, son todo un peligro: la radiación que traen consigo puede interferir con el funcionamiento de los sistemas de telecomunicaciones y de los circuitos eléctricos.

En enero de 2012 tuvo lugar una tormenta solar especialmente fuerte que obligó a desviar la trayectoria de los vuelos que sobrevolaban los polos y que afectó a otros sistemas de comunicaciones y a algunas centrales eléctricas. El efecto fue relativamente leve.

¿Qué ocurriría si la cantidad de radiación inyectada en la Tierra fuese tan descomunal que destrozase la tecnología en la que basamos nuestro día a día? Si algo así ocurriese, sería una catástrofe tecnológica: el tendido eléctrico se fundiría, las centrales arderían, las redes de telefonía dejarían de funcionar, al igual que los satélites e internet. Los sistemas de tratamiento y distribución de agua, las cadenas de producción, el transporte por cualquier vía, la atención médica… Sería raro el sector que no se viese afectado, y el golpe sería tan devastador que podríamos tardar años en recuperarnos. Las consecuencias podrían ser irreversibles.

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