El oscuro origen del ébola. Entrevista al Dr. Carlos Amodei

Algunos no se sorprenden en absoluto. Alguien cercano al mundo sanitario-farmacéutico me comenta: “Era sólo cuestión de tiempo que no “surgiera” algo así”. Se refería al brote de ébola que hace unas semanas “apareció” en África y que en poco tiempo se convirtió en una epidemia con miles de afectados.

Según datos de la OMS y gasta el pasado día 6 de agosto, se habían registrado al menos 1.013 muertos y 1.848 casos del brote más mortífero de esta enfermedad (otras fuentes citan 3.069 afectados y 1.552 muertos). Y es que este virus no es algo nuevo, sino un viejo conocido de la comunidad médica y farmacéutica desde que apareciera por primera vez en agosto de 1976. Se sabía entonces lo altamente mortífero que podía ser este virus y pese a ello apenas se destinaron medios y recursos para hallar una vacuna ¿El motivo? Los potenciales clientes del medicamento no podían pagarlo… porque para las farmacéuticas el valor de una vida humana se mide por el beneficio que puede reportar a su cuenta de resultados. Así de claro.

El nombre de este virus procede del río Ébola en la República Democrática del Congo en donde fue identificado por primera vez en 1976 provocando una alta mortalidad. Los primeros síntomas son comunes a otro tipo de enfermedades más benignas y por eso es fácil la confusión con éstas y de ahí las falsas alarmas que se han producido en las últimas semanas entre presuntos afectados en Europa y Estados Unidos que llegaron en vuelos procedentes de las zonas africanas afectadas. Fiebre, dolores de cabeza, dolor de garganta, dolor de cabeza… más tarde vómitos, diarrea, sangrado interno y externo y finalmente afectación de órganos vitales lo que acaba provocando la muerte en un alto porcentaje de casos. El período de incubación varias de 2 a 21 días aunque lo más frecuente es de 5 a 12 días.

 

 

Según las fuentes médicas oficiales, este virus se propaga exclusivamente a través del contacto con los fluidos corporales y las secreciones de las personas infectadas (saliva, sangre, orina etc.). En el brote del año 1976 murieron el 92% de las personas infectadas.

El primer caso de este nuevo brote de ébola apareció en Guinea el pasado 2 de diciembre de 2013 cuando un niño de dos años contrajo la enfermedad en Meliandou. Algo más de tres meses más tarde la enfermedad había llegado a la capital, Conakry, y se había convertido en una epidemia.

Pero, desoyendo los desesperados llamamientos de Médicos sin Frontera y otras ONG que trabajaban sobre el terrero,  ni la OMS ni los gobiernos occidentales reaccionaron hasta que la epidemia se descontrola y aparecen las primeras alertas en vuelos con destino a Estados Unidos y Europa. Es entonces cuando alguien cae en la cuenta que en pleno siglo XXI las fronteras no existen para las enfermedades y que la movilidad de las personas hace altamente probable que un caso surgido en Liberia, por ejemplo,  aparezca a las pocas horas o días en Atlanta (por citar una ciudad que alberga la sede del CDC).

Así las cosas, la OMS lanza, por fin, una alerta mundial y declara que el número de infectados por el virus en África Occidental podría llegar a los 20.000. Estima asimismo que se necesitaran en los próximos seis meses del orden de los 490 millones de dólares para frenar la enfermedad. Dicho y hecho. El 2 de septiembre la prensa anuncia que la FDA y los Institutos Nacionales de Salud de los Estados Unidos (NIH por sus siglas en inglés) iniciarán los ensayos de una vacuna (elaborada por la empresa británica GlaxoSmithKline –GSK) contra el virus del ébola. La vacuna que se empezara a probar a principios de septiembre se basa en un adenovirus que se encuentra en los chimpancés.

Los primeros ensayos se realizarán en las instalaciones del NIH en Bethesda, Maryland para posteriormente probarlo en Nigeria, uno de los países afectados por el brote y desde donde se teme pudiera propagarse la epidemia a nivel mundial dadas las importantes relaciones comerciales de este país con occidente. Según algunas fuentes, si se aprueba su uso, a finales de año podría procederse a la vacunación masiva de la población considerada de riesgo.

Muchas son las sombras que se proyectan no solamente sobre este nuevo brote de la enfermedad, sino sobre el origen y la naturaleza del virus. De hecho, está clasificado por el CDC (Centros para el control de enfermedades) como un agente de “bioseguridad de nivel 4” y Categoría A, es decir, un agente de bioterrorismo ya que tiene el potencial de ser utilizado como arma de uso en la guerra biológica. Esta y otras circunstancias han dado pie a que algunos investigadores vean en la aparición repentina de la enfermedad tras 38 años de “inactividad” como algo más que el fruto del azar y las circunstancias.

Esta es, al menos, la opinión del Dr.Carlos Amodei,1 que, desde hace muchos años lleva luchando por desenmascarar las turbias maniobras de las compañías farmacéuticas en todo el mundo y más especialmente en su país, Argentina.

En esta interesante entrevista emitida por Radio Continental de Córdoba (Argentina) se analiza la posibilidad de que el origen del ébola no sea el que se nos ha dicho, se aborda la cuestión de las vacunas y la existencia de alternativas a la medicina farmacéutica.

 

1.- Darlos Amodei es doctor en Psicología por la Universidad Nacional de Córdoba (Argentina)

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