IMPACTO: la amenaza que viene del espacio

Asteroid-1

Recientes investigaciones parecen indicar que las posibilidades de que se produzca un impacto de un cuerpo celeste contra nuestro planeta no son tan remotas como se pensaba. De hecho, hay indicios claros de que esto ya se produjo en el pasado, provocando la extinción masiva de especies enteras y, tal vez, de antiguas civilizaciones.

Aquel domingo, 19 de mayo de 1996, exactamente a las 1as 18 horas 46 minutos, cuando usted tal vez estaba paseando tranquilamente, viendo su programa favorito en la televisión o regresando a su casa tras una jornada de descanso, Thomas Spahr, astrónomo de la Universidad de Arizona, Estados Unidos, y cientos de colegas suyos en todo el mundo, apenas podían contener el aliento. Pegados a las pantallas de sus aparatos de medición, eran mudos e impotentes testigos del paso del asteroide 1996-JA1 que ese día, a esa hora exactamente pasaba a menos de 450.000 kilómetros de la Tierra, a una velocidad aproximada de 90.000 km/hora. Nunca antes, si excep-tuamos, tal vez la presumible colisión de un astro similar y que provocó la extinción de los dinosaurios, la humanidad había estado tan cerca del final.

Puede pensarse que 450.000 kilómetros es una distancia lo suficientemente segura pero lo cierto es que a escala cósmica, el JA-1 pasó rozándonos y aún hoy los científicos se siguen felicitando de la inusitada suerte que tuvimos de que no se nos cayera literalmente encima. La posibilidad de que acontecimientos como éste se produzcan en el futuro no es muy elevada pero no puede ser en absoluto descartada. De hecho, astrónomos de todo el mundo intentan averiguar con qué frecuencia se pudieron producir en el pasado acontecimientos como éste y con qué fre-cuencia cuerpos celestes potencialmente peligrosos pasaron cerca de nuestro planeta sin que se advirtiera su presencia, simplemente porque no poseíamos aparatos lo suficientemente sofistica-dos como para detectarlos.

Según los cálculos de la Agencia Espacial Europea hay una posibilidad sobre 10.000 de que un cuerpo celeste de tamaño igual o Fotograf�a del asteroide 1996 JA1superior al JA-1 choque con la Tierra en un período de 150 años. Si reflexionamos al respecto, veremos que no es una posibilidad tan pequeña como pueda parecer a simple vista, en comparación con otras estadísticas que manejamos a diario En los últimos 700 millones de años la frecuencia de los impactos ha ido en disminución, estabilizándose en cifras que los científicos consideran de una explosión cada 1000 años para objetos de unos 100 metros, una de cada 100 años para objetos de un diámetro cercano a los 1000 metros y una cada 30 millones de años para los grandes impactos de cuerpos celestes del orden de los 10 kilómetros de diámetro, parecidos al que cayó en la península del Yucatán y que presumiblemente provocó la extinción de los dinosaurios, hace 65 millones de años. De todas formas, al tratarse de ciclos a escala cósmica, no sabemos si realmente la posibilidad de impacto ha ido en dis-minución o simplemente estamos en la parte baja de un ciclo que con el tiempo puede remontar.

Lo más inquietante de este asunto es que el JAI-1 no fue detectado por los astrónomos hasta el 14 de mayo, es decir, cinco días antes de la posible colisión, debido a que los asteroides no emiten luz propia, sino que reflejan sólo la solar. En estas circunstancias y dado su pequeño tama-ño, su detección es muy difícil.

Fue el astrónomo Thomas Spahr quien reportó el descubrimiento y su ruta de cuasi colisión con la Tierra, sin que en aquel momento (14 de mayo) fuera ya posible tomar cualquier medida destinada a desviar la trayectoria del asteroide y evitar así una colisión de características univer-sales que hubiera devuelto al hombre (a los pocos que hubiesen quedado) a las ramas de los árboles.

A pocos segundos del impacto, el asteroide se precipita contra la TierraLa Unión Astronómica Internacional confirmó el descubrimiento de Spahr y las características del asteroide, que medía entre 500 metros y un kilómetro de diámetro y que viajaba a una velocidad de 25 km. por segundo. Como hemo dicho, se estimaba que pasaría a unos 450.000 kilómetros de la Tierra, siendo éste un cálculo aproximado y con la incógnita añadida de que jamás, en la reciente historia de la humanidad, un cometa se nos había acercado tanto. El Hyakutake, por ejemplo, que tanta expectación suscitó en su día, pasó a una distancia de 15,75 millones de kilómetros.

Si el 1996-JA1 hubiese chocado contra la Tierra (y no se tuvo nunca la plena certeza de que no fuese así ya que la corta distancia lo hacía especialmente sensible a nuestra fuerza gravitatoria) habría liberado una energía equivalente a diez mil millones de bombas atómicas como la de Hiroshima, habría abierto un cráter de más de diez kilómetros de diámetro, habría incendiado un territorio del tamaño de España o, en el caso más probable de que hubiera caído al mar, habría provocado olas gigantes de cien metros de altura. En los meses siguientes, las partículas en suspensión en la atmósfera hubieran ocultado la luz del sol y la radiación solar que llega a la superficie de la Tierra se habría reducido en un 60 %. En tales circunstancias, la glaciación hubiera sido inevitable y con ella la desaparición masiva de especies de nuestro planeta.

Aún no queriendo ser catastrofistas, conviene recordar que este tipo de incidentes no ha sido tan extraño a lo largo de nuestra historia. Y eso solamente referido a los casos de los que tenemos noticias. Los investigadores sospechan que este tipo de impactos han sido más frecuentes de lo que hasta hace poco se pensaba.

Y este no ha sido el único caso. El 12 de marzo de 1998, la Unión Astronómica Americana anunció que había sido descubierto un asteroide de unos dos kilómetros de diámetro en ruta de colisión con la Tierra. Su nombre: 1997-XF11. Fue el astrónomo del Observatorio astronómico de Kitt Peak en Arizona, James Scotti quien descubrió este inquietante objeto, si bien, como se supo posteriormente, dicho objeto había sido ya fotografiado en 1990 por la Doctora Eleanor Hellin del Jet Propulsion Laboratory, si bien en aquel momento no se llegó a calcular su trayectoria de impacto.

El hallazgo fue corroborado por las observaciones de astrónomos de todo el mundo y tras efectuar un seguimiento que duró tresla catástrofe se ha producido meses, se aventuró la fecha en la que su orbita podría interceptar la de la Tierra: 26 de octubre de 2028. De ser eso cierto, los especialistas no albergaban ninguna duda: el cráter que provocaría alcanzaría un diámetro de 10 kilómetros. El impacto cubriría la Tierra de polvo y nos sumergiría a todos en un largo y catastrófico invierno. En un planeta como el nuestro, cuyas tres cuartas partes están cubiertas por las aguas, si el impacto se produjera en el mar, se calculó que provocaría una marea de entre 800 y 1000 metros a kilómetro y medio del punto de impacto y que la ola gigante generada daría dos veces la vuelta al planeta.

Rápidamente, la comunidad científica se puso a trabajar sobre este asunto. Gracias a los datos aportados por la doctora Helin, se hicieron nuevos cálculos, esta vez menos dramáticos. Finalmente, se aceptó que la probabilidad del impacto era remota y que el asteroide pasaría a unos 900.000 kilómetros de la Tierra en su fecha de máxima aproximación, el citado 26 de octubre de 2028. Sin embargo, todos coinciden en lo difícil que resulta ser exacto en un tema como este y que la distancia citada, a escala cósmica, es inquietantemente pequeña.

La Dra. Eleanor HellinA partir de este hecho, la NASA sugirió que cualquier futura observación de este tipo debería ser silenciada, al menos, durante 48 horas para así dar tiempo a que los datos pudieran ser confirmados. A nadie se le oculta que una medida de este tipo, aparte de muy impopular, difícilmente va a ser posible. Téngase en cuenta que la información de los astrónomos de todo el mundo circula libremente por Internet. Y eso sin tener en cuenta los miles de astrónomos aficionados, desvinculados de cualquier compromiso con las autoridades civiles o militares.

Para el astrónomo David Levy, co-descubridor del cometa Schumaker-Levy 9 que se estrelló contra Júpiter, lo que debe preocuparnos no son los XF11 que conocemos, sino aquellos otros que no pueden ser descubiertos hasta que ya sea demasiado tarde para poder reaccionar. Y es tajante cuando, refiriéndose a la posibilidad del impacto de un asteroide contra la Tierra, afirma:

“Le ocurrió a la Luna, le ocurrió a Júpiter y le ha ocurrido a la Tierra. Y ocurrirá de nuevo. La cuestión no es si ocurrirá, sino “cuando”

James Scotti, recreó mediante técnicas informáticas el impacto de un asteroide de 30 metros de diámetro que cayó hace unos 50.000 años cerca de Winslow, en el desierto de Arizona. A raíz de este estudio se identificaron tres grandes grupos de impactos: los de cuerpos celestes de hasta diez metros de diámetro; los de entre 50 y 100 metros (el incidente de Tunguska david levyparece que obedeció a la caída de un meteorito de estas características); y finalmente los de un diámetro su-perior a esos cien metros y cuya caída sobre nuestro planeta tendría unos efectos devastadores.
Actualmente, los investigadores coinciden en que el impacto de un cuerpo de apenas 200 metros de diámetro sería suficiente para provocar una catástrofe a escala planetaria.
Hasta hace apenas 25 años, los científicos debatían sobre la causa que provocó una gran extinción de especies vivas hace 65 millones de años, en el límite entre los periodos cretácico y terciario. En aquella época no solamente desparecieron los dinosaurios, sino que se calcula que se eliminaron el 75 por ciento las demás especies y el 99 por ciento de todos los animales que poblaban la Tierra.
Hoy se sabe con certeza que tal catástrofe la provocó, como se ha indicado más arriba, el choque de un objeto de al menos diez kilómetros de diámetro – objeto K/T – que se estrelló en el ex-tremo norte de la península de Yucatán a una velocidad de 30 kilómetros por segundo. Testigo mudo de este impacto es el cráter de Chicxulub de 200 kilómetros de diámetro que surgió tras la explosión.
Walter Alvarez, profesor de Geología de la Universidad de California en Berkley y miembro de la Academia Nacional de Ciencias de los Estados Unidos, explica en su libro “Tyrannosaurus rex y el cráter de la muerte” como debió ser el momento del impacto y sus letales con-secuencias. Todo parece indicar que en el momento en que entró en contacto con la superficie de la Tierra, se produjeron dos ondas de choque que atravesaron el lecho de roca de nuestro planeta, penetrando en la corteza de granito que hay debajo, mientras que la otra rebotó contra el propio cometa. El aire situado frente al cometa, violentamente comprimido, debió generar un estallido sónico de colosales proporciones. Poco después los movimientos sísmicos, del orden de los 12 a 13 grados en la escala Richter, devastan el planeta y un tsunami de más de un kilómetro de altura destroza la costa de Norteamérica.
detalle de la zona en donde se produjo el impacto del objeto k/t hace 65 millones de años.Al poco tiempo, el polvo arrojado a la atmósfera por el impacto y el humo de los incendios que provocó, oscurecería el Sol durante varios meses, sumiendo al mundo en una nueva era glacial. Se cree que la energía liberada por este impacto fue el equivalente a unos 100 millones de megatones, cifra difícilmente imaginable.
Pese a la magnitud de la catástrofe, parece que no fue la primera que sufrió nuestro planeta pues hace unos 250 millones de años, en la transición del período pérmico al triásico, más del 90 por ciento de las especies animales se extinguieron de forma brusca. Pese a que no existe acuerdo en este punto, Gerrit Verschuur, catedrático de Física de la Universidad de Memphis, está convencido de existen pruebas que avalan la teoría del impacto extraterrestre para explicar este mis-terioso fenómeno.
A la vista de los hechos, algunos científicos no dudan en relacionar las diversas extinciones que ha sufrido la Tierra desde el período cámbrico con presumibles impactos de meteoritos procedentes del espacio exterior. Yendo más allá, se especula con la posibilidad de que alguno de es-tos impactos pudieran provocar el desplazamiento en bloque de la corteza terrestre que precedió al período cámbrico.
Precisamente esta teoría fue defendida hasta su muerte por el profesor de Historia de la Ciencia en el Keen College de New charles hapgood Hampshire, Estados Unidos, Charles Hapgood, (1904-1982) convencido de la existencia de una civilización perdida, cuyos orígenes habría que buscar once mil años atrás y de la que bebieron los pueblos de Egipto y las civilizaciones precolombinas, que habría desaparecido, precisamente, como consecuencia de un gran cataclismo a escala planetaria derivado del desplazamiento de la corteza terrestre producido a raíz del impacto de uno o varios cuerpos celestes en nuestro planeta. Hapggood, hombre de sólida formación académica expuso su teoría acerca de la existencia de una avanzada civilización marina que desapareció de forma súbita en obras como “Maps of the Ancient Sea King” y logró despertar el interés del mismísimo Albert Einstein que en 1953 llegó a prologar el libro de HapgoodEarths’s Shifting Crust: A Key to Some Basic Problems of Erth Sciencie“.
Salvando las diferencias, también el médico y psicólogo Immanuel Velikovsky (1895-1979) defendió la teoría de que la Tierra sufre periódicamente cataclismos cuya causa habría que buscar en el impacto de cuerpos procedentes del espacio. Velikovsky va más allá y afirma en su obra “Earth in Upheaval” (Ed.Doubleday & Co. New York) que cada 3600 años se produce uno de esos catastróficos acontecimientos y que determinados relatos de tradición oral tenidos como meros mitos y leyendas, serían en realidad el recuerdo de esas catástrofes, que habría pasado de generación en generación.
Pese al rechazo que este tipo de planteamientos ha suscitado entre la comunidad académica ortodoxa, lo cierto es que algunos científicos han hallado indicios más que razonables de que aquellos pudieran estar sobre la pista correcta.
immanuel velikovsky (1895-1979)El 25 de julio de 1997, un equipo de investigadores del Instituto de Tecnología de California publicaba un artículo en la prestigiosa revista Science en el que se documentaba la existencia de un cataclismo de enormes proporciones que sufrió nuestro planeta en un período situado hace unos 550 millones de años y cuyo origen, en principio desconocido, cabría buscarlo en el im-pacto de un cuerpo procedente del espacio exterior. Dicho cataclismo, al parecer, habría desplazado la corteza exterior de la Tierra en relación con las capas internas. Como consecuencia de ello, el eje de rotación de la Tierra experimentó un giro de 90 grados, de manera que los polos norte y sur pasaron a situarse en el ecuador. Justo lo que durante años defendieron sin éxito Hapgood y Velikovsky.
Este fenómeno estaría totalmente diferenciado del proceso geológico interno de la Tierra conocido como la tectónica de placas. Lo que se habría producido, pues, habría sido un movimiento brusco y rápido de la corteza terrestre.
Enlazando con las teorías de Walter Alvarez y otros, James Mavor, ingeniero oceanográfico que entre 1965 y 1967 investigó el enigma de la Atlántida, organizando varias expediciones internacionales a la isla de Santorín, en el Egeo, lugar en el que creía estaba ubicada la Atlántida, publicó un artículo en 1987 en la revista Oceanus, en el que avanzaba la hipótesis de que la catástrofe que se produjo en Tera (la actual Santorin), y de la que existen pruebas irrefutables, tal vez no fuera debida a la explosión de un volcán como se especulaba hasta entonces, sino al im-pacto de un cuerpo procedente del espacio exterior y que provocó la desaparición súbita y total de una floreciente civilización que pasó a la memoria colectiva de la humanidad, generando el mito de la Atlántida y de la que nos llegaron referencias a través de los Diálogos de Platón.
Mavor va más allá y afirma que varios mitos del Próximo Oriente son en realidad el recuerdo de antiguas catástrofes: el diluvio universal, la Epopeya de Gilgamés o la propia civilización atlántida.
Sea como sea, lo que parece cierto es que la posibilidad de un impacto tanto en el pasado remoto como en un futuro de un el observatorio de kitt peak en arizonacuerpo celeste contra nuestro planeta es más seria de lo que se pensaba. En el observatorio Kitt Peak de Arizona, adscrito a un programa de vigilancia espacial de la NASA, un equipo de astrónomos ha emprendido una sistemática investigación a largo plazo que busca asteroides cercanos a la Tierra. El programa ha descubierto un promedio de dos a tres objetos cercanos a la Tierra, el más pequeño de los cuales tenía sólo seis metros de anchura. Una muestra de que el asunto preocupa es el hecho de que existen en todo el mundo varios pro-gramas de rastreo como el que hemos citado en marcha: el programa de búsqueda de asteroides del Observatorio de la Costa Azul en Francia, la prospección de asteroides interplanetarios en Monte Palomar, California, el programa de rastreo de asteroides cercanos a la Tierra del observatorio de la Fuerzas Aéreas de los Estados Unidos en Hawai, entre otros.
El 20 de julio de 1994, la Cámara de Representantes de los Estados Unidos, en un proyecto legislativo destinado a la NASA, encargaba a ésta, en coordinación con el Departamento de Defensa y las agencias espaciales de otros países, la identificación y catalogación en un período de 10 años de las características orbitales de todos los cometas y asteroides que sean mayores de un kilómetro de diámetro y que se hallen en una órbita alrededor del Sol y que puedan llegar a cruzar la de la Tierra. La razón para prestar especial atención a cuerpos celestes de diámetro supe-rior a un kilómetro reside en la creencia generalizada de que la humanidad podría sobrevivir al impacto de un objeto de un diámetro menor al citado, pero no de un tamaño igual o superior.
Brian Mardsen, director del Minor Planets Center, afirma abiertamente que es tarea imposible encontrar todos los objetos de este tipo en tan poco tiempo. Al parecer, este plazo fue impuesto por el Congreso de los Estados Unidos como una medida de presión, pero se calcula que realizar un trabajo de este tipo puede llevar no menos de veinte o treinta años. Sin embargo, algunos especialistas en la materia ya han apuntado que el peligro podría venir de un enjambre de asteroides de 500 metros de diámetro o menos y cuyo efecto devastador sería igual o peor al de uno sólo de estos objetos de mayor tamaño. Y tal eventualidad, ni siquiera es contemplada por los especialistas de la NASA.
cráter producido por el impacto de un meteorito en arizonaDonald Yeemans del Near Earth Object Programme de la NASA, declara que se calcula que el número de objetos cercanos a la Tierra de más de un kilómetro oscila entre 2000 y 2500, de los que tan sólo hemos descubierto apenas un 10 por ciento. Pero aún en el supuesto de que lle-gásemos a conocer las órbitas de todos estos asteroides ¿Qué haríamos si descubriésemos que con toda certeza uno de ellos va a impactar contra la Tierra? De hecho, en Estados Unidos diversos especialistas están trabajando en este tema, si bien reconocen que carecen de fondos y personal suficientes para hacer bien su trabajo.
Una de las propuestas efectuadas indica que si se descubriese uno de esos objetos en orbita de colisión, cuyo impacto se produjera dentro de, pongamos, veinte o treinta años, se podría organizar una campaña a escala mundial con con la intención de enviar una nave espacial no tripulada que haría detonar una o varias bombas nucleares a una distancia del asteroide igual a su radio. Al parecer, los especialistas están de acuerdo en que el flujo de neutrones emitido por la explosión eliminaría la parte frontal de su atmósfera, desplazando suavemente el asteroide de forma similar a como lo haría un cohete. Esto corregiría su órbita futura y evitaría probablemente la colisión.

Impacto-mundo

Este mapa mundi muestra los impactos de asteroides y meteoritos conocidos hasta ahora.

Otras propuestas hablan de armas láser, de armas cinéticas, incluso de satélites que capturarían y concentrarían la energía de los rayos solares sobre el objeto para intentar desviarlo. En definitiva,nuestra capacidad real de reacción sería muy reducida y los más realistas reconocen que se está especulando mucho sobre un peligro cierto, real y del que se desconoce prácticamente todo.
Para hacerse una idea de lo mucho que preocupa este problema, el Gobierno de los Estados Unidos, encargó a la Federal Emergency Management Agency, la agencia estatal responsable de la prevención de los efectos de las catástrofes, con sede en Washington DC la elaboración de un plan para proteger a determinadas personas escogidas en todo el pais. En esta línea, la FEMA tendría planes concretos y clasificados como máximo secreto, para alojar en túneles subterráneos, distribuidos por el subsuelo de varios estados a personas escogidas que deberían sobrevivir a la catástrofe planetaria originada por el impacto de un meteorito.
Naturalmente, Joe Allbaugh, director de la agencia ha negado todo conocimiento de este asunto, si bien reconoce la existencia de los túneles citados y su posible uso como refugio en caso de una catástrofe global.
Como en tantas otras cosas, quienes gobiernan el mundo tienen información y medios para sobrevivir a cualquier emergencia. Pero para que tengan éxito, es imprescindible que la mayoría de las personas no conozcamos la verdad ya que ésta podría ser demasiado inquietante.

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1.- Compárese esta cifra con estas otras. El riesgo estimado para un ciudadano estadounidense a lo largo de un período de 50 años de que muera a causa de unos fuegos artificales es de 1 entre un millón; causa de un accidente de aviación de 1 entre 20.000 y por el impacto de un asteroide de tan sólo 1 entre 6.000, muy cerca del riesgo de muerte por electrocución , una entre 5.000. Recientes investigaciones parecen indicar que las posibilidades de que se produzca un impacto de un cuerpo celeste contra nuestro planeta no son tan remotas como se pensaba. De hecho, hay indicios claros de que esto ya se produjo en el pasado, provocando la extinción masiva de especies enteras y, tal vez, de antiguas civilizaciones

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ARMAGEDON: LA SECUENCIA DEL FIN DEL MUNDO

Esta secuencia recrea el impacto del meteorito K/T ocurrido hace 65 millones de años y que acabó con el 99 por ciento de las especies animales sobre la Tierra . En primer lugar, se puede apreciar la visión de la Tierra y la Luna desde el asteroide, unas horas antes del impacto; la Tierra un minunto antes de entrar en colisión, dos segundos antes, un minuto después, un mes después y mil años más tarde.

Armagedon

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15 pensamientos en “IMPACTO: la amenaza que viene del espacio

  1. Pingback: La modificación del eje terrestre y la civilización de Hiperbórea « La historia de una América antigua

  2. Me he asustado que dijo 21.12.2012 FIN DEL MUNDO ES VERDAD, NO??? DEBO ANTES MORIRÉ. NO ME GUSTARIA ROMPER MUNDO

  3. Pingback: Miguel Gilarte en Cuarto Milenio « BloguiTK

  4. quiero ver si aproximadamente la colision del meteoro podria ser entre la fuerza de 10000 bombas nucleares, entre el impacto del meteoro de los dinosaurios y la colision posible del meteoro del 2028 seria parecida y acabaria con la mayor parte de la humanidad y mi pregunta es que pasaria con la otra parte

  5. la colision de los meteoros aproximadamente cada uno a sido cerca de la Tierra pero la pregunta que quiero acerles en porque la gravedad de la tierra no los atrajo tantas pero tantas posibilidades de muchas colisiones de grandes olas masivas que darian la vuelta a la tierra y asi es mi pregunta como podria ser la onda expansiva si dependiendo del meteoro o de la gravedad

  6. creo que la duda se vera con los hechos del futuro con lo immenso que es el universo no sabemos de la amenaza del espacio sideral por que siempre ocuren cambios en la vida terrestre solo los cientificos saben porque ellos estan mas constantes con el telescopio pero habeces las pelicula de ficcion son similares con realidad o no creen posiblemente q un asteroide un cometa o un meteorito esta apunto de impactar con la tierra o nos lo estan ocultando como esta escrito en un pequeño articulo de todo este temarelatado en este sitio……….

  7. De alguna manera la humanidad se esta preparando por cualquier eventualidad de caracter cosmico, solo se que como raza somos capaces de afrontar todo, la muerte misma hoy mañana o dentro de mucho tiempo, pero seguiremos desarrollandonos para sacar todo nuestro potencial para el bien de todo la humanidad y todas las especies que habitan la tierra, la voluntad, determinación e inteligencia es un don que Dios o la naturaleza en su ifinita sabiduría no proporciono y por Dios que la usaremos para el bién de todos.

  8. SIEMPRE TODAS LAS MEDIDAS PARA SOBREVIVIR SERÁN DISEÑADAS PARA ALGUNOS POCOS, DE VERDAD ALGUIEN PODRÍA CREER QUE EL TOTAL DE AQUELLOS SERIAN SOLO MENTES BRILLANTES, DEMÁS QUE HABRÍA POLÍTICOS, MILLONARIOS, CORRUPTOS Y MUCHOS IDIOTAS PERO A LA VES INTELIGENTES QUE SE COLARÍAN Y EL RESTO, SUFRIENDO EL FINAL, AMIGOS, LO MAS LÓGICO ES QUE TU NI YO SEAMOS SALVADOS Y SI SOBREVIVIÉRAMOS, TENDREMOS QUE COMERNOS LOS UNOS A LOS OTROS…

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